Forma musical en el Folclore Argentino

Las canciones tradicionales argentinas tienen una forma característica que suele tener que ver con la danza. Es decir que sus frases o motivos melódicos guardan una relación entre sí y con el grupo. Por ejemplo, en la chacarera hay dos formas: una tiene 44 compases bailables y 6 de introducción; la otra tiene 48 compases bailables y 8 de introducción. Lo mejor es remitirse a las versiones grabadas, como las de los Hermanos Abalos, que son muy tradicionales.

En general las canciones folclóricas argentinas (zambas, chacareras, cuecas, gatos, etc.) suelen tener una forma musical que se ajusta a la de las letras, cuando las tienen, y aunque carezcan de letra la forma generalmente es la misma.

Las letras se componen de dos partes formadas a su vez por dos estrofas iniciales, con un motivo melódico que se repite para cada una, y un Estribillo con una melodía diferente. O sea que desde el punto de vista musical la estructura sería A, A, B; A, A, B, donde A es la melodía del primero y segundo par de estrofas y B es la melodía del Estribillo. Esto parece un poco confuso, pero se facilita su comprensión escuchando atentamente un tema musical y leyendo la letra.

La forma de la mayoría de los temas folclóricos argentinos es A A B A A B, es decir un primer tema melódico A, que se repite dos veces, luego un segundo tema B, de nuevo el primer tema A por dos veces, y finaliza con el tema B. En la letra esto coincide con las dos primeras estrofas (A A), luego el Estribillo (B), siguen otras dos estrofas, y termina con el Estribillo.

Hay ciertas coincidencias entre la melodía y la poesía de un tema musical. En una melodía hay frases musicales que suelen corresponder a cada verso o línea de una canción; y así como una frase se compone de palabras, una frase musical se compone de compases, que a su vez están divididos en tiempos, que serían las "sílabas" de la música.

Esto es para aquellos que no tienen ninguna noción musical y que son demasiado haraganes para ponerse a aprender ahora, pero no tanto como para experimentar un poquito, aunque sea cantando o silbando. Puede comprobarlo con una canción que conozca bien, mirando la letra escrita con los acordes debajo de las sílabas correspondientes.

Haga la prueba siguiente: cante sólo un verso o línea de la canción, o mejor sílbela o tararéela, sin decir la letra. Notará que las notas tienen cierto sentido, como una frase; y también que algunas notas suenan más fuertes que otras, como si estuvieran acentuadas (y en realidad lo están, son los llamados "tiempos fuertes"). Seguramente en alguno de estos "tiempos fuertes" está marcado el acorde.

Con toda esta charla llegamos a la conclusión de que la letra y la música están íntimamente ligadas, que es lo que se propusieron el o los autores. Para el intérprete que no tiene conocimientos musicales, pero está dotado de un fino oído musical, la letra de una canción es casi como una partitura musical. Una vez que ha ejecutado varias veces la canción comienza a ubicar "de oído" el momento preciso en que debe cambiar de acorde, y también a memorizar el que corresponde a cada parte de la letra.